sábado, 16 de junio de 2018

LOS DEJASTES ENTRAR



Los dejaste entrar
Les abriste
De par en par las puertas
De tu cielo.
Los dejaste invadir
La divina morada de tu cuerpo.
-Esa ínfima región de eternidad
Que abarcaba el contorno de tus sueños-

Los  dejaste crecer, copular,
Reproducirse,
Aun a costa de tu propio aliento.

Anfitrión hospitalario
De tu piel, que apenas contenía
Lo crucial de tu intento,
Pulsaste hábilmente
Los resortes oscuros de tu miedo,
Y pusiste a prueba tu cabeza
Y tu cuerpo,
Desde los pies al cuello.

Sonrieron, gozosos,
Los inasibles huéspedes
De tu abismo interior.
Esos seres pequeños,
Malignos, ponzoñosos,
Hurgaron, con frías uñas,
Tu cíclico candor.

Entonces,   
Quisiste echarlos,
Hacer que se fueran,
Rechazar su ejército
Con todas tus fuerzas.
… Pero fue débil el gesto
Y tardío el ademan
De tus ojos, cansados y dolientes.

…. Yo estuve a tu lado.
Yo remonte la noche junto a ti.
Fui remando contigo el llanto
Y el silencio.

Con un fardo de espinas
Y un jirón de piel entre mis dientes fríos,
Alenté la llegada del ángel,
Que despejó las tinieblas,
Soltó tus mordazas,
Cortó las cadenas,
Arrancó de pleno todas tus amarras…
 Y  fuiste un ave,
Que subió a los cielos
Con sus propias alas.



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