¿Adónde fue a parar tu idolatría
o tu poca versión de lo que anida
el corazón?. Los ruidos y la alquimia
en aquellos lugares que convidan
a ser tan honestas y tan gráciles
criaturas del Dios que te dio vida.
Miles de calorías desaparecen.
El dolor que marchitó tu estrella
busca que el sonido lo encandile.
qué lo haga realidad, o lo ironice.
Un pedazo de lágrima que invierta
la estatura de tu hipocresía
en algo, realmente, perdonable,
para el Dios que un día convocaste.
Él no está y no hay milagros,
ni llantos, ni mentiras, ni artilugios,
ni brujas desdentadas, ni hadas milagrosas.
Ni siquiera, toda tú culpa, volcada en el adagio
de la mansedumbre de un suicidio.
No hay libertad ni sentimiento
que avale la estructura de tu miedo,
ni tampoco razón o argumento
que equipare tu culpa con un cielo.
Necia ideología del silencio
donde se basan todos los absurdos.
en pequeños fragmentos.

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