viernes, 15 de junio de 2018

UN PRIMERO DE MAYO




                
Relucen pasos de adoquines muertos.
Todos estamos declinando.
Sin ser sol. Sin ser crepúsculo.
Sin ser serenamente jubilados.
¡Pedro, Martín, RodrIguez! ¿Para qué
se murieron un primero de mayo?
Las banderas colgaban en el jardín en ruinas.
Ráfagas de fusiles partían las aceras,
Los perros aullaban por todo el baldío.
Eran perros de caza. Con hiedras en las patas
y relojes de acero iguales que guadañas.
¡Marta, Inés, Enrique ! Las tumbas y las flores,
y ahora los gusanos en el vientre encendido.
Desde la tez partida brotó la roja sangre.
Los sueños se aquietaron en los cuerpos tendidos,
¡Luis, Ramón, Ariel Mansilla! ¿Para qué
se murieron, un primero de mayo, con la piel aturdida?;
gestando libertades con la voz embestida.
Ahora, bajo el puente donde el llanto agoniza,
los nombres se evaporan como gotas sin prisa.
¿Qué nos queda del resto? Ni el metal, ni los ruidos….
Tan solo la poesía.


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