Éramos la punta de una
espada. Éramos el radiante sol altivo. Éramos los olores fugitivos Y el eterno fluir de la cascada.
Éramos el otoño
sensitivo.
La flor, entre las flores, desmayada.
Éramos grito, canto y campanada.
Éramos lo remoto y lo furtivo,
La flor, entre las flores, desmayada.
Éramos grito, canto y campanada.
Éramos lo remoto y lo furtivo,
De los trenes que
parten, del olvido,
Del desértico andén descolorido.
Éramos la tristeza del instante,
Del desértico andén descolorido.
Éramos la tristeza del instante,
Lo marginal, alegre e
inconstante.
La fecunda riqueza del sonido.
Éramos la llama de lo vívido.
La fecunda riqueza del sonido.
Éramos la llama de lo vívido.

Y ahora son los dos en uno...
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